Por Severo I. TurroNéstor Kirchner, desde sus tiempos de mandamás santacruceño, ha sido coherente y fiel a un estilo de gobierno. Tener manejos cerrados de las decisiones entre pocas personas. Una sola que marca la determinación final. Nula tolerancia a críticas y discrepancias. Guerra de exterminación a quien ose enfrentarlo.
Néstor Kirchner concibe el poder como Luis XIV: le importan un comino las instituciones, las personas y el resto de los poderes. Negocia únicamente cuando percibe que su ocasional rival está exhausto. Su lógica es la de amigo/enemigo. Y para estos últimos, ni justicia.
También hay que subrayar que su esposa es una presidente meramente formal.
Cristina Kirchner hoy muestra su verdadero rostro: una tilinga que exhibe un discurso repleto de sofismas y que revela, finalmente, que su bagaje intelectual no está lejos de las niñas que “bailan por un sueño”.
Es en este contexto donde se va a desarrollar la primera gran guerra que Néstor Kirchner va a enfrentar: la del campo.
El agro es el enemigo a aniquilar por varias razones. Los chacareros fueron los únicos que lo enfrentaron con relativo éxito. Es el único sector competitivo de la economía que genera ganancias genuinas. Por ende, hay que esquilmarlo a efectos de engrosar la desfallecida Caja. Y, centralmente, si se aplasta al agro, creen que el resto, pondrá las barbas en remojo. Léase, se inclinarán definitivamente ante su poder total e inexpugnable.
Estamos frente a una guerra cruenta. El gobierno utilizará toda la artillería disponible. Incluso, “munición prohibida”. Ya lo vimos con los incendios en el Delta. Quedó prístino que, o fue casual, o el fuego lo iniciaron los “buenos muchachos” de los servicios.
Sea como sea, Néstor Kirchner ya los atribuyó a los productores agropecuarios a efectos de demonizarlos ante la opinión pública porteña. Maniobras de este tenor serán cotidianas a partir del 2 de mayo.
Los chacareros han descubierto que Néstor Kirchner va por ellos. De la habilidad e inteligencia con que aborden el conflicto dependerá su suerte.
Sin embargo, en esta ocasión, Néstor Kirchner, cegado por una desproporcionada percepción de si mismo, no se ha dado cuenta que las circunstancias han rotado notablemente. El campo no enfrenta solo la lid. Implícita o explícitamente, va a ser sostenido por el holding Clarín y buena parte de la prensa.
Néstor Kirchner solamente cuenta para la batalla mediática a Página 12 y el grupo Hadad. Meros cartuchos de fogueo, en comparación con el multimedios comandado por Hector Magnetto.
Néstor Kirchner tampoco ha sopesado adecuadamente el rol y la opinión de las clases medias urbanas.
El derrumbe de la imagen presidencial tiene una razón central, la inflación galopante y espiralizada que tomando los datos reales del primer trimestre del año, se proyecta para diciembre un incremento de los precios del 50%. La gente de a pie ya avizora con claridad el rumbo de los precios.
Néstor Kirchner no advierte que a la protesta del campo, se le puede agregar la cacerola porteña.
Al igual que Napoleón y Hitler, Néstor Kirchner va a esta peculiar guerra a escasos días de la llegada del invierno. Momento en el cual, si resulta crudo, se desplegará, en gran magnitud, la crisis energética. Crisis que deviene estrictamente por los dislates de la política K en la materia.
Hasta el más mediocre de los estudiantes de economía, se da cuenta hoy, que el país camina, raudamente, a un escenario de gran inflación con estancamiento. A este ritmo no va a ser necesario que algún ministro decida “enfriar” la economía.
Se va a “enfriar” sola. En medio de una exponenciación de los precios. Los economistas, a este fenómeno, lo llaman estanflation. Para el hombre común, significa “se vino la noche”.
Para el político que ocupe la poltrona de Rivadavia, se traduce en “estamos en el horno”.
Por si todo esto fuera poco, el contexto internacional también ha mutado. Ya no es posible esperar el huracán de cola del último quinquenio. Más bien, a más tardar, en un par de meses, el viento soplará de frente.
Es imposible que el mundo no se contagie de la recesión norteamericana. Néstor Kirchner deberá orar para que la gran diosa soja no se caiga demasiado.
Si el “yuyito” como lo llama su mujer y socia, cae a menos de 300 dólares la tonelada, el matrimonio morganático se va a asemejar a un par de cornalitos, “nadando” en una sartén repleta de aceite hirviendo.
Resumiendo. Néstor Kirchner enfila a una guerra total contra el campo en condiciones precarias.
Demasiado enemigos a la vez: el agro, los mass media, la inflación, el contexto internacional y una opinión pública cada vez más en contra.
Maquiavelo decía que el éxito del Príncipe dependía de su habilidad y de su suerte.
Néstor Kirchner, hasta ahora, ha demostrado una dosis de fortuna jamás vista por estas comarcas. Pero si la estrella lo abandona en esta guerra de exterminación, el gobierno de la tilinga será uno de los más efímeros de la historia argentina.




